Escuché por primera vez este romance de tradición gallega a la hora de la siesta en mi clase de 1-2 años, en una escuela infantil de Madrid, hará lo menos cinco o seis años.
Me encantó.
He buscado por la red y lo que he encontrado, básicamente, es que la lavandeira es una aparición. Parece ser que se trata de un ser maléfico de la mitología gallega. Hasta ahí, todos de acuerdo.
Buscando un poco más, me he dado con otra explicación, esta vez en Inglés, que sugiere que se trata del alma de una mujer que asesinó a su hijo (¿o hija?) y ahora se pasa las noches intentando lavar la mancha de sangre que el cuerpo dejó en las sábanas. Cuando alguien pasa cerca, ella pide ayuda y, quien cae en la trampa, desaparece junto con la aparición.
En lo que respecta a este post, casi deberíais ser vosotros más que yo los que hablaseis, porque el Papa (o papa, de acuerdo con las nuevas reglas de la RAE) por aquí no anda... ni creo que pase.
Por lo que me contó mi familia, las cosas están como para indignarse y decir cuatro cosas bien dichas, pero voy a esperar a ver si me leo La Razón o el ABC para ver la otra versión de la historia (:p).
Mientras tanto, así, para resumir pensamientos que me rondan la cabeza, os dejo esto:
domingo, 24 de abril de 2011
Esta mañana me ha llegado el boletín de Cuaderno Intercultural con la propuesta de un rap contra el racismo.
Justo antes de colgarlo en el blog, me ha llegado un mensaje offline de Miri, con un enlace a la misma canción, diferente vídeo. Os dejo el que ella me mandó :)
Andaba yo un poco desesperada con el tema del trabajo, no tanto por tener que pagar el piso de Cedillo, como por tener que buscar.
Las entrevistas siempre me han dado yuyu, las pruebas me han puesto el estómago del revés, y los primeros días de trabajo me han hecho querer salir corriendo. Es un hecho comprobado.
A eso añadidle tener que hacerlo en un país que no es el mío y en un idioma que tampoco es el mío.
Así que lo fui posponiendo y posponiendo con la excusa -real- de no tener los certificados originales (y traducidos ¡por una pasta!) aún aquí. ¡Bendito Correos!.
Pero llegó el martes por la noche y me dije: hasta aquí hemos llegado, Carmencita. Si no tienes los certificados, pues no los tienes, pero AL MENOS empieza a mandar currículums y vas practicando. Y que sea lo que tenga que ser.
Y fue.
Mandé el CV a cinco escuelas infantiles y dos Institutos de idiomas. Recibí cinco llamadas para entrevistas.
La primera, en una guarde con fama de ser súper-o-sea-pijísima me ofrecieron un puesto de educadora de apoyo por... TACHÁAANNNNNNN... 400 euros al mes, 10 horas al día, 5-6 días por semana! Y en ese momento yo me pregunté: ¿para qué he estado estudiando yo toda mi vida?. Me cabreé, me deprimí, me volví a cabrear y me volví a deprimir. Y la depre fue lo que más duró.
La segunda entrevista era para educadora, pero querían a alguien nativo de Inglés. Yo lo sabía, pero le eché morro y llamé de todas formas, por si sonaba la campana.
Salí de la entrevista un poco decepcionada y segura de que no me iban a llamar.
La tercera entrevista fue para el Instituto de idiomas. La cosa fue bien pero no hay grupo formado aún para las clases de Español: tienen que esperar a que se apunte más gente. Vaaaaaaaaale, a por la siguiente.
Cuarta entrevista: estupendísima de la vida, la mujer un encanto, el sitio una pasada y las mensualidades que pagan los padres, astronómicas. Tan astronómicas que pagan más por la guardería de sus hijos de lo que Lutfi paga por su (nuestro) coche. Yo de verdad me pregunto en qué trabaja la gente...
Me ofrecieron directamente el puesto, ni esperar a más candidatos ni nada... pero las condiciones no eran las mejores. El caso es que acepté porque por algún sitio tenía que empezar y esa misma noche (el Jueves pasado) ¡me llamaron los de la segunda entrevista!.
Uuuuhhhh ¿¿y qué hago yo ahora??
Les pedí que nos encontráramos durante el fin de semana para discutir las condiciones. Accedieron. Fui convencida de que iba a decir que no y terminé diciendo que sí.
El Domingo -ayer- fue mi primer día, pero el Sábado tuve que ir para que me explicaran cómo trabajaban.
Así que ahí estaba yo, el Sábado por la mañana, con las dos manos al volante (¿para qué vas a tener una en las marchas si el coche es automático? -a esa conclusión llegué y aún me estoy acostumbrando-), sin más uñas que morder después de una semana de entrevistas y con Fito en el lector de CDs del coche.
Tiene su punto eso de escuchar "Puedo escribir y no disimular/ es la ventaja de irse haciendo viejo..." mientras conduces por Sheikh Zayed; es un poco... como hacer patria en tierra extraña ;)
Entre 1998 y 2008, hubo casi 15.000 denuncias por violación en Nicaragua. Casi 10.000 se cometieron contra niñas menores de 17 años.
La violación y los abusos sexuales contra las niñas son delitos generalizados en Nicaragua, la mayoría por parte de miembros de su propia familia. Muchas no denuncian porque la sociedad les culpa de lo sucedido y se ven presionadas a guardar silencio. Y si denuncian, es muy probable que el agresor quede libre y siga conviviendo con ellas.
Apoya nuestra campaña: Envíales un mensaje personal. Todas estas niñas cuentan con tu solidaridad para rehacer sus vidas, para recuperar la ilusión, para volver a sentirse niñas.
Cada año, cerca de 2.000 niñas sobrevivientes de abusos acuden a las ONGs en busca de apoyo. Las cuidadoras nos han dicho que es reparador hacer que las niñas dibujen, escriban sobre su futuro. Por eso, hemos pensado hacerles un regalo: un diario donde puedan escribir sus sueños. Compra un diario. Cada diario simboliza el apoyo de una persona al futuro de esas niñas.
En abril haremos la entrega de los mensajes y diarios a las centros de acogida de niñas en Nicaragua. Además, pediremos al Gobierno nicaragüense que escuche sus voces y las proteja de la violencia.
Regala tus palabras, regala un diario, regala sueños.
Para ver la página completa y dejar un mensaje de apoyo, pinchad aquí: A.I. Ser niña de nuevo
Cuánto echo de menos los besos espontáneos, esos de "porque sí" de los que damos en España en cualquier lado porque, simplemente, nos apetece.
Es curioso ver las cosas que uno echa de menos cuando se cambia de país y deja atrás todo aquello con lo que ha estado viviendo toda su vida. No es que yo haya sido nunca una firme defensora de España, las cosas como son; más bien, me daba por ponerme como una furia tratando con la burocracia de este nuestro país (un año y medio como mínimo para registrar un matrimonio celebrado en el extranjero), maldecir a mis vecinos que se ponían a hablar hasta las tantas de la noche en verano, en mitad de la calle, cuando yo tenía que trabajar al día siguiente (señoraaaa, coja el mandil y pa'casa, hombre, que no son horas!!), despotricar contra la falta de tacto y educación de la gente cada vez que alguien intentaba cotillear sobre mi vida (¿pero esta chica... entonces... estáis juntas? o_O), conjurar a las fuerzas del mal para acabar con esta panda de gobernantes ineptos (me da igual los de ahora que los de antes) que cobran millones, mientras gracias al sistema de trabajo que tenemos, a los diplomados en Educación no les queda muchas veces otra que trabajar como monitores de ocio y tiempo libre, con un contrato de tres meses, por 5 euros la hora -7 si tienes suerte- para pagar una casa que cuesta 5 veces más de lo que vale, hipotecarte de por vida y quedarte sin vida social porque el dinero no te da más que para el préstamo del banco, el transporte y los tupper del Mercadona que le llevas a tu madre el domingo para que te los llene para la semana. En definitiva: yo me acordaba hasta del padre de Domingo Ortega.
Pero tenemos otras muchas cosas buenas: puedes ponerte a jugar en la calle con un niño que no es tuyo, y no pasa nada: los padres te sonríen; puedes abrazar a diestro y siniestro, y todos tan felices; puedes caminar por la calle; puedes sentarte en cualquier banco, parada de autobús o similar sola, que al ratito tienes a alguien a quien no conoces de nada dándote conversación; la gente, por lo general, saluda al entrar a los sitios; puedes ir al parque sin tener que pagar por ello; las barcas del Retiro tienen un precio asequible; se cocina con aceite de oliva; el kilo de fruta no suele llegar a los 2 euros (si te vas al Corte Inglés es tu problema, pero al menos tienes opciones); la gente sonríe; gastamos bromas; tenemos una naturaleza increíble en el norte, una historia alucinante y ciento de lugares para visitar que NO SON centros comerciales; no pagamos 15 euros al mes de agua.